jueves, 30 de abril de 2015

Dorothy Counts, un paseo de fe.



 No era una mañana cualquiera para Dorothy Counts aquel 4 de Septiembre de 1957 en Charlotte, Carolina del Norte.  Con apenas 15 años, iba a salir de casa para asistir a su primer día de clase en el Instituto Harry  Harding , una institución solo para blancos en una ciudad solo para blancos de un estado solo para blancos. 
Ninguna persona de raza negra se había atrevido a dar este paso antes en un estado segregacionista en Estados Unidos.
Frente a la puerta del instituto la esperaba una multitud con la consigna de hacer de ese recorrido un calvario que la obligara a echarse atrás de tan ridícula determinación. Dorothy tenia 15 años y  sabia lo que iba a ocurrir, pero su determinación y valentía, hicieron posible que cumpliera su propósito simplemente porque creía en la igualdad de derechos de las personas. Quizá en la américa de aquellos años muchos negros valientes mostraran abiertamente su protesta por algo que hoy nos parece obvio, y sus acciones pasaran totalmente desapercibidas. 
Sin embargo, todo lo que ocurrió aquella mañana fué inmortalizado por la cámara de Don Sturkey, del Charlotte Observer . Sus fotografías se difundieron rápidamente por los medios de comunicación y el mundo entero fué testigo de aquél suceso. Este vídeo nos hace protagonistas de aquel suceso.




El final de la historia de Dorothy Counts-Scoggins es conocida.  Tuvo que marchar de Charlotte 4 dias después de aquel suceso porque las autoridades no podían asegurar su integridad. Volvió al poco tiempo a vivir a Charlotte, donde se graduó en Psicología. Dedicó su vida profesional a cuidar a niños sin recursos y actualmente vive  retirada en Charlotte. 

Recientemente declaró que " Lo que ocurrió aquellos días me dejó claro lo que quería hacer. Siempre quise trabajar  para asegurar que no ocurran cosas malas a otros niños ".
A raiz del eco que tuvieron las fotografías de Sturkey , las autoridades de Charlotee promovieron la integración racial en su comunidad. 

Referencias: 

2 comentarios:

  1. .
    Podemos sacar varias enseñanzas de esta poderosa historia. Las más obvias son acerca del inaudito coraje de esta chica de 15 años. Coraje físico: podían golpearla; quizás, hasta matarla. Bastaba solo que algún exaltado le diera un empellón y la hiciera caer para que muchos se arremolinaran para darle también su golpe... Pero no es menor el coraje moral, espiritual, de proponerse algo impensable, herético, descabellado. Y llevarlo adelante con sus quince años y su cuerpo de mimbre que flameaba en el viento.
    Me gustaría identificarme con ella, pero no puedo. Me queda infinitamente grande. Sin embargo, yo también estoy en esa historia. Es que todos estamos en este mundo y en sus historias, muchísimas de ellas más terribles que aquellos episodios de 1957, y que suceden a nuestro lado. Y si no puedo estar representado por Dorothy, quizá lo esté mejor por esos blancos que —en las fotos— la hostilizan cobarde, estólidamente.
    Pensemos en aquellos blancos: actuaban según derecho, tal cual lo habían hecho sus padres y sus abuelos. Como debían. Defendiendo sus prerrogativas, como nosotros defendemos las nuestras. Esos blancos no eran montruos, si es que sabemos lo que significa esa palabra: seres que no encajan en el orden regular de la vida. ¡La monstruosa era Dorothy!
    Hoy, 59 años después, y desde una sociedad con conflictos raciales menos agudos, no nos resulta difícil juzgar muy negativamente a aquellos supremacistas blancos y pensar que la única supremacía que podrían reclamar es con respecto a los protozoarios, y aun esa muy dudosa.
    Pero, realmente, estamos sumergidos en un mar de abusos y desmanes, y no somos —no soy— Dorothy.
    No soy, pero qué bueno sería aunque sea arrimar un poco.

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  2. Es una pena que ese sacrificio...hoy en muchas partes del mudo, no haya servido de nada...

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